Miquel Mucio, el ciclista que sobrevivió a un campo de concentración nazi y murió envenenado

Por Techo Díaz.- El campo de concentración de Neuengamme, al sudeste de Hamburgo, no es de los más conocidos, pero allí estuvieron recluidos 750 españoles, todos hombres, entre 1938 y 1945. Allí casi perdió la vida el gran campeón ciclista Miquel Mucio, ilustre ganador de la Volta a Catalunya en los años 1924 y 1925 y uno de los pioneros del deporte de las dos ruedas en nuestro país.

Neuengamme era una especie de ciudad del horror donde se confinaba a los presos políticos, en su mayoría rusos, a construir ladrillos. Hasta 106.000 personas llegaron a estar recluidas en sus muros, de las que 56.000 perdieron la vida. Las cifras son demoledoras, casi un 50% del que entraba en esos muros no vivía para contarlo. Las condiciones de trabajo, como en otros campos de las SS, eran de todo menos saludables: escasa nutrición, trabajos forzados y malos tratos por parte de los guardianes. No era pues de extrañar que los que saliesen de allí lo hiciesen en horribles condiciones. En el caso del ciclista catalán, apenas sobrevivió 23 días a su liberación.

ciclista en campo de concentración

Muç Miquel, como se le conocía en su Barcelona natal, había sido arrestado por fuerzas de la Gestapo en la localidad de Perpiñan, donde vivía con su esposa Maria Gubert y su hijo de 14 años, un 10 de abril de 1944. Tres hombres armados con metralletas entraron en su casa a las 4 de la mañana. Como gesto de cortesía le permitieron llevarse una camisa, un pantalón y unos zapatos. Nunca más volvería a su casa.

Cuando las tropas aliadas entraron en Neuengamme, el 4 de mayo de 1945, Muç todavía estaba vivo, pero sus fuerzas se habían roto en mil pedazos. Sólo pudo pedir que le hospitalizasen en lugar de repatriarle, tal era su grado de debilidad. En la misma situación se encontraban gran parte de sus compañeros. Sin duda, no eran tipos con suerte. Las tropas americanas debían seguir avanzando y dejaron el cuidado de los enfermos a personal hospitalario nazi, que les sirvió comida envenenada.

El 27 de mayo de 1945, Miquel Mucio, campeón de España en 1928 y de la Volta a Catalunya en dos ediciones moría en el hospital de Lübtheen de la manera más rocambolesca posible, envenenado por el personal hospitalario de un país que ya estaba perdiendo la guerra, tras haber sobrevivido a trabajos forzados en un campo de concentración nazi.

Mucio, al que encontré la pista leyendo el excelente libro de Iván Vega El Primer Campeón, era un gran rodador que plantó cara en los años 20 a la estrella de la época, Jaume Janer, y que sirvió como cicerone en sus primeros pasos por el mundo del ciclismo a un jovencísimo Mariano Cañardo, con el que acabó teniendo alguna disputa. Sus grandes triunfos fueron las dos Voltas a Catalunya (en un tiempo en que la Vuelta Ciclista a España ni siquiera había nacido) y un Campeonato Nacional de fondo en carretera. También ganó una Vuelta a Asturias y una Prueba Villafranca de Ordizia.

Jaume Janer y Muç Miquel
Junto a Jaume Janer, el otro as de la época

Su vida nunca había sido fácil. Hijo de un sereno de Barcelona, se quedó huérfano de padre y madre a los 5 meses de edad. Unos parientes se lo llevaron a Vilaseca de Tarragona, donde se dedicó a la agricultura hasta los 16 años de edad. De allí se trasladó a Perpiñan, donde trabajó como mecánico en una casa de ciclos. Y aunque no tenía previsto dedicarse a ello, un buen día se apuntó a una carrera de ciclismo regional. Al año siguiente ya fue cuarto en la general final de la Volta a Catalunya.

Esos fueron sus mejores años. Dos Voltas a Catalunya, dos segundos puestos y la certeza de saberse una estrella en el pelotón nacional, hasta el punto de no correr la Volta por desavenencias con la organización. Los felices años 20 lo fueron para Mucio, que logró sus grandes triunfos con apenas 22 años de edad. Eran otros tiempos y los ciclistas, como luego le pasaría a Cañardo, explotaban al año de haberse comprado su primera bici.

Ciclista años 20 Mucio MiquelA partir de los 30 se pierde la pista del rodador catalán, al que tantas veces habían cambiado el nombre, castellanizándolo e invirtiendo nombre y apellidos. Se sabe que había sido activista del PSUC y del PC por lo que lógicamente en algún momento de la contienda civil tuvo que emigrar a Francia, de donde además era su mujer. Los de antes eran tipos duros, pero no longevos como Jens Voigt. En 1944, la fatídica mañana en que tres agentes de la Gestapo irrumpieron en su casa para llevarle en un viaje sin retorno, es de suponer que llevase mucho tiempo retirado. Pero que no hubiese perdido las fuerzas.

Y sin embargo sólo le duraron un año. Los campos del horror estaban diseñados para eso y no tuvieron clemencia alguna con el campeón ciclista. Pese a la documentación que existe y las muchas películas que lo han contado, es difícil asimilar realmente lo dura que debía ser la vida en aquella fábrica de ladrillos. La de Miquel Mucio lo fue. Fue una vida de película.

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