El descenso suicida, de moda en el ciclismo

Por Techo Díaz.- El descenso está de moda en el ciclismo. Lo pudo de moda Chris Froome, pero también Peter Sagan, las redes sociales y ahora también Alberto Contador. Las batallas, cada vez más, se juegan también bajando, y eso es algo que los ciclistas saben. Los finales en alto siguen siendo importantes, pero cada vez tienen más peso las etapas multipuerto con final en bajada. Y alguna de esas etapas, como la de Cercedilla hace dos años en La Vuelta, pueden cambiar el sino de una gran carrera ciclista.

En la Vuelta a Andalucía hemos visto otro capítulo de esta tendencia. Alberto Contador imitaba el estilo suicida que utilizó en el pasado Tour el británico Chris Froome, el mismo que confiesa haber aprendido de Michal Kwiatkowski. No es nada nuevo en el ciclismo, pero que las grandes estrellas del pelotón lo adopten siempre da más resonancia al asunto.

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Algunos le llaman triciclo, otros le llaman huevo y otros estado de locura temporal, pero a nadie le pasa inadvertido. Consiste en sentarse sobre el cuadro de la bicicleta y pedalear con fuerza en posición fetal, jugándose la vida por arañar unos segundos. Una disciplina de indudable belleza para el espectador, con imágenes que se convierten virales en YouTube y las redes sociales y que despiertan no pocas exclamaciones de asombro entre los espectadores. Aunque, como sabiamente dijo Antonio Alix parafraseando al Hormiguero en la retransmisión de la Ruta del Sol, “no debe hacerse en casa”.

Ahora bien, el debate está servido. ¿Vale la pena esa postura? ¿Realmente se sacan diferencias? La respuesta, como siempre, está en la vara de medir. Froome asombró al mundo entero en Bagneres de Luchon, pero solo arañó 13 segundos. Contador ni eso. Ni etapa ni liderato. Ahora bien, consiguieron que al día siguiente todo el mundo hablase de ellos. Y en este mundo moderno e hiperconectado, a veces la popularidad tiene más valor que las victorias.

Así que, como en todo, depende de lo que busques. Tal vez la diferencia en tiempos no compense los riesgos que asumen los corredores, pero tampoco es fácil ponerle diques al mar. Estamos ante la generación de corredores más ambiciosa de la historia. Contador, Froome, Nibali o Quintana han dado sentido a unas pruebas (Vuelta a Andalucía, Comunidad Valenciana, Paris-Niza o Algarve) que durante años despreciaron Armstrong, Lemond o hasta el mismo Indurain. Porque ellos siempre corren para ganar.

Y si han descubierto que jugándose la vida se arañan aunque sean 13 segundos bienvenidos sean. Por ellos no va a quedar. Ni tampoco por Kwiatkowski, Sagan y el incansable Valverde. Su ambición les honra, y el ciclismo está de enhorabuena: ha llegado la edad de oro del descenso. Ojalá, eso sí, no se maten nunca. Los echaríamos muchísimo de menos.

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