Dentro de unas horas se corre la etapa más bonita del siglo. Hubo una más bonita en 1971, pero de eso hace ya 40 años y estábamos aún en el siglo XX. Entonces se subió también la descomunal vertiente norte del Hochtor Pass, habitual de la vuelta a Austria que sin embargo no repite en esta espectacular edición del Giro de Italia.

Cuando se inuguró el Grossglockner la gente aún era en blanco y negro

La de hoy no es ni de lejos la etapa más dura de este Giro, ni la de este siglo. Esas dos coinciden y son mañana. Pero la de hoy es la más bonita porque transcurre en gran parte por la carretera del Grossglockner, una de las octavas maravillas del mundo. Ciertamente ese es un tema a estudiar, porque aunque parece haber consenso sobre el número de maravillas en el mundo antiguo (7) nadie se pone de acuerdo en catalogar cuantas octavas maravillas del mundo existen. Lo que sí está claro es que la carretera del Grossglockner es una de ellas.

La carretera por donde transitará el pelotón del Giro de Italia con Alberto Contador vestido de rosa es un prodigio de la ingeniería de los años 30. Sólo abre de mayo a noviembre, ya que el resto del año está cubierta por la nieve y está considerada por muchos la carretera turística más bonita de Europa.

Una carretera espectacular

La carretera atraviesa el Parque Nacional de Houe Tauern, el más grande de todos los Alpes y, si bien los ciclistas que no vayan agarrados a los coches difícilmente puedan verlo, está poblada de marmotas, edelweis y lápices de colores. Un paisaje de ensueño para una carrera de ensueño. Enhorabuena a la organización del Giro por tener tan buen criterio. Enhorabuena por ese buen gusto que, sirva este humilde apunte biográfico para confirmarlo, les ha permitido coincidir con el paraje que el  autor de este post y su prometida han elegido para pasar su luna de miel en la montaña, dentro de apenas seis semanas.

Las curvas del Grossglockner

Marmotas, edelweis y lápices de colores

Por Techo Díaz