Por Purito Ramos.-No destaca Barcelona por sus tapas gratuitas ni por la alegría desbordada de sus gentes. Sin acritud, ¿eh? La Ciudad Condal sí sobresale en otros muchos aspectos, como por ejemplo, lo bien adaptada que está para el tránsito de bicis. En ese ese sentido puede decirse que está mucho más avanzada y europeizada que otras ciudades españolas.

Bicis en Barceloneta

Las opciones para moverse sobre dos ruedas son múltiples y el tráfico respeta a los ciclistas, algo que debería ser una obviedad pero que todos sabemos que no siempre hay esa suerte y a veces circular en bicicleta se convierte en una aventura de supervivencia. En Barna los carriles bici forman un perfecto entramado, posibilitando un desplazamiento sencillo, intuitivo y seguro.

Para aquellos que no tenemos bici propia, la mejor alternativa es el sistema de alquiler de Bicing, una forma económica y ágil de desplazarse por la ciudad. Por unos 40 euros al año tienes a tu disposición todas las bicis comunes que se distribuyen por las diversas localizaciones del casco urbano. Una vez que pasas la tarjeta por el lector tienes 30 minutos para ir donde quieras. Si sobrepasas ese tiempo se van cargando unas pequeñas penalizaciones económicas a tu cuenta, por lo que es recomendable ajustarse a ese horario. En cualquier caso, media hora es tiempo suficiente para recorrer la ciudad de arriba abajo. Y si necesitas más margen, aparcas y tras diez minutos de espera puedes retomar la marcha otra vez.

El único hándicap de este sistema Bicing es la dificultad que hay en algunas ocasiones para encontrar bicis libres o para aparcar en algunos puntos saturados. Para evitarlo nada mejor que tirar de las nuevas tecnologías y utilizar la aplicación para móviles, disponible para Android e iTunes. Así podemos consultar en tiempo real la disponibilidad de todas las estaciones sobre el plano de la ciudad. Muy útil.

Un par de rutas más que recomendables son la Calle Marina, desde Sagrada Familia hasta la Barceloneta, y el Paseo de Sant Joan, desde el Barrio de Gracia hasta el Parque de la Ciudadela. Las dos muy suaves a la ida al ser bajada y un poco más costosas a la vuelta. Pero en ningún caso requieren un esfuerzo excesivo.

Hay que reconocer que la posibilidad de ir a trabajar en bici es un lujo del que no pueden presumir muchas ciudades del tamaño de Barcelona. Y lo mismo para bajar a la playa, unas cuantas pedaladas desde el centro bastan para llegar a la orilla del mar. Aparcamos y, cañita en mano, sólo queda pensar: “todo va sobre ruedas”.

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