Por Techo Díaz.- Por lo mismo que hay estrellas que nunca se estrellan, hay historias que merecen ser contadas una y mil veces. Ese es el caso, por ejemplo, de María de Villota, piloto de Fórmula 1 que a punto estuvo de perder la vida hace apenas unos meses en un accidente de circulación y ahora se dedica a ayudar a niños con enfermedades neuromusculares.

Por eso, aunque la historia no trate propiamente de ciclismo, queremos contar en este blog la historia de una persona, también deportista de alto nivel, que nunca ha dejado de creer en su estrella. El pasado 3 de julio, María tuvo un gravísimo accidente que conmocionó por entero al mundo del deporte e hizo temer por la vida de la mujer que más alto había llegado en el mundo de la Fórmula 1.

María de Villota, departiendo con el director de la Fundación Ana Carolina Díez Mahou

Afortunadamente, las operaciones llevadas a cabo consiguieron estabilizar su salud y, aunque no podrá volver a pilotar, a su estrella, la que siempre llevó en el casco en carreras y entrenamientos, le queda mucho por brillar. Y ese brillo va ahora dirigido a personas con problemas. Con serios problemas incluso para caminar.

Según tengo entendido, cuando María de Villota se recobró de su accidente, tuvo muy claro a qué quería dedicar ahora su vida, sus esfuerzos y la luz que siempre le había acompañado. En ayudar a los demás.

Y aunque podría haber elegido miles de causas, eligió una, la de la Fundación Ana Carolina Díez Mahou, que podría haber sido más alta (si las causas se midiesen en centímetros) pero no más noble, ni necesaria: luchar por gente que apenas puede moverse, los niños que tienen problemas neuromusculares.

Desde nuestra web siempre hemos apoyado (véase esquina superior derecha) esta Fundación, por varias razones. Para todos los amantes del deporte, que una persona, por motivos genéticos, accidente o enfermedad, se vea privado de hacerlo es toda una calamidad, pero si además es un niño el drama se multiplica por cifras estratosféricas.

Si a esto le sumamos que su director además de un gran amigo es una gran persona y un estupendo profesional que está dando un fuerte impulso a una de las causas más olvidadas hasta la fecha en nuestro país, resulta -además de un orgullo- poco menos que imposible resistirse a colaborar con esta Fundación.

Máxime cuando nos enteramos que María de Villota estará mañana (9 de enero de 2013), en prime time, en El Hormiguero, contando en primera persona toda su historia y hablando sobre su estrella, esa que nunca llegó a estrellarse y que ahora vende también en forma de pulseras para ayudar a la Fundación. Porque, eso lo sabemos de primera mano, María no se lleva absolutamente nada con la venta de estas pulseras, que tienen la forma de su estrella. Todo, absolutamente todo, va a parar a la Fundación. Y esa es una historia que merece ser contada.

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