Por Techo Díaz.- Por fin se ha confirmado. Parece ser que el ciclista Lance Armstrong, siete veces campeón del Tour de Francia, una del mundo y jamás positivo en todos los controles antidoping celebrados a lo largo de su carrera va a confesar que se dopaba. Lo hará el próximo jueves, en el transcurso de una entrevista con la presentadora norteamericana Oprah Winfey, que cuenta entre sus logros haber sido la anfitriona de la confesión de otra ilustre tramposa, la atleta Marion Jones.

Causa revuelo, y hasta sorprende, el ruido que ha generado una confesión anunciada, previsible y hasta lógica dentro de la evolución que están siguiendo los acontecimientos. Porque la verdadera noticia no está en lo que se ha filtrado hoy, sino en lo que se dirá, si finalmente se dice, en la entrevista del jueves, día 17 de enero de 2013.

Armstrong con sus siete maillots. Inspirado en Blancanieves, todo podría ser un cuento.

Armstrong tiene ya muy poco que perder, y sí mucho que desvelar. Conocido ya –lo habían denunciado otros como David Millar en su libro Pedaleando en la oscuridad- que el dopaje era una práctica generalizada en los años en los que el texano dominó el Tour con mano de hierro, ya casi nadie tiene nada que perder. Ullrich, Beloki, Basso, Heras, Virenque y todos los que hicieron podio o destacaron en los años de reinado de Armstrong se han visto de alguna u otra forma salpicados por el dopaje. Nadie va a reclamar sus títulos.

El ciclista norteamericano podrá ser acusado de tramposo, vilipendiado en su país, humillado por la serie South Park y abandonado por los patrocinadores que apoyaban la que –creo yo- era una causa noble como Livestrong. Podrán quemar sus pulseras, pero difícilmente olvidar que no fue un caso aislado de corrupción sino un caso más de fraude, en un pelotón donde la práctica generalizada era doparse y donde los organizadores de una prueba que ganó 7 veces fueron incapaces de pillarle.

Podría haber sido el Giro de Italia, o podría haber sido la Vuelta a España, pero no hablamos de esas pruebas. Armstrong no se dignaba a venir y quizás, sólo quizás, fuese por algo. Lo cierto es que ahora quien está en entredicho –además del ciclista- son los organizadores del Tour de Francia y los dos presidentes de la UCI que presumieron de luchar contra el doping en los años en los que corrió y ganó Armstrong. Porque se la coló hasta siete veces.

Armstrong de jovenzuelo, con 17 tacos. Foto: Lainformacion.com

Y lo que está claro es que Lance Armstrong nunca deja nada al azar. Dicen los que han corrido con él que es meticuloso hasta la obsesión, y que nunca deja margen para la improvisación. Que esa era, además de sus indudables condiciones atléticas y su fuerza de voluntad, la base de su éxito.

Por lo que sabemos, así sigue siendo. El ciclista acudió a la entrevista acompañado de un equipo de diez personas, entre ellos sus dos abogados y su agente. Si hacemos caso al Ala Oeste de la Casa Blanca ni el presidente de los Estados Unidos tiene tantos asesores cuando realiza una entrevista.

Así que la entrevista promete. Es probable que haya más de una revelación y que sí, el ciclista confiese su dopaje, pero antes tire de la manta hasta poner todo patas arriba. From the lost to the river, que dicen en su idioma. Las cabezas de Verbruggen (1991-2005) y McQuaid (2005-2013?), últimos presidentes de la Unión Ciclista Internacional no están tan seguras sobre sus cuellos, pero seguramente no son las únicas.

Y está el tema de la filtración, a partir de una fuente anónima. Si el programa se va a emitir el jueves, ¿por qué matan la noticia un lunes?

Sólo se me ocurren dos cosas: una, que lo haga el propio entorno de la entrevistadora para conseguir más audiencia; o dos, que sea el propio Armstrong quien haya dado un plazo a las cabezas inseguras. El programa no es en directo, está rodado, y en tres días se puede llegar a muchos acuerdos y cambiar muchas cosas. O no. Quizás veo demasiadas películas, pero de una cosa estoy seguro. Armstrong no improvisa. Esto va en serio.

Lance Armstrong en sus años de héroe americano. Recuerda un poco al sargento Brody, de Homeland. Foto: lainformacion.com

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