Por Techo Díaz.- Hoy Taylor Phinney ha brillado en Dubai, una carrera en la que, dicen, no se nota la crisis. Pero Taylor Phinney lleva brillando mucho tiempo, y eso que el larguirucho en cuestión tiene sólo 23 años. Más allá de ser capaz de derrotar contra el crono a Tony Martin, Fabian Cancellara y su compañero S. Cummings, el joven norteamericano brilla con luz propia por otra razón. Por sus zapatillas.

Y eso que no son aladas. Nada que ver con Hermes, el dios griego que patentó ese modelo, si bien lo suyo eran sandalias y no está claro si fueron realidad o mito. Homero nunca habló de ellas, aunque sabido es que el genial poeta se pasaba todo el día ciego.

Las zapatillas de Taylor Phinney, sin embargo, tienen exclusivamente un propósito: hacer el bien. Para ello, ha puesto a la venta su bonito y llamativo modelo de zapatillas 2014, con el que acaba de ganar el prólogo de Dubai. Los beneficios irán a parar a la Fundación Davis Phinney, que lucha para erradicar o paliar los daños producidos por la enfermedad de Parkinson.

Fundación Davis Phinney

Davis Phinney es el marido de Connie Carpenter, ciclista que consiguió cuatro medallas de oro en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles, en 1984. Por algún azar, seguramente relacionado con su profesión, Phinney -que también fue medallista en Los Ángeles- y Carpenter se conocieron, se amaron y procrearon. Quienes sostienen que los genes no tienen nada que ver en la evolución de los seres humanos se equivocaron de pleno con esta pareja, ya que el hijo les salió ciclista, le pusieron de nombre Taylor y hoy es una de las grandes promesas del ciclismo profesional. Y por promesa no me refiero a algo tipo Guti, me refiero a una realidad capaz de ganar contra el crono a Cancellara.

Hasta aquí la parte bonita de la familia. Porque lo triste empieza cuando a Davis, que subió al Gavia bajo la nieve en el Giro del 88, en una de las etapas más duras de la historia del ciclismo, que ganó dos etapas en el Tour y hasta 300 en su carrera, le decretaron el mal de Parkinson. Tenía entonces 40 años, hace de eso unos 14.

El mismo ciclista, ayudado por su mujer, puso entonces en marcha una fundación, con la que por supuesto colabora su hijo, encaminada a paliar los daños de esta enfermedad. Entre sus iniciativas destaca el Tour de Sufferlandria, una campaña que acaba de finalizar y ha recaudado más de 60.000 dólares. El próximo día 7 dará a conocer los ganadores.

Phinney, el joven, ha cedido sus zapatillas, pero ha hecho algo más. Ha dado a conocer esta enfermedad, que sufren más de diez millones de personas en el mundo y que tan prematuramente se ha cebado con su padre. No sabemos si las zapatillas son mágicas pero, sin duda, Taylor tiene una razón para correr.

 

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