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Guía de cuidados básicos para tu bicicleta

Una bicicleta debe siempre estar a punto para que al momento que la necesitemos, podamos hacer uso de ella y que responda como el primer día. Para ello, podemos realizarle una serie de cuidados y puesta a punto sencillos cada cierto periodo para que apenas denote el paso del tiempo, y que mediante su limpieza y la aplicación o recambio de accesorios para bicicleta, pase lo que pase siempre luzca como nueva.

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Imagen: mibicicletaholandesa.com

La limpieza: mucho más que una bicicleta resplandeciente

Lo más evidente a la hora de mantener una bicicleta en perfecto estado es que se encuentre limpia pero ¡ojo!, esto no se debe solo a una cuestión estética: componentes como el barro o la acumulación de polvo pueden producir que elementos básicos de la bicicleta como los frenos no respondan adecuadamente, o problemas incluso mayores como que la coordinación entre piñones y platos no se produzca como debiera haciendo salir la cadena.

Por ello, no sólo nos debe preocupar un cuadro resplandeciente, sino también una estructura de la cadena sin elementos extraños y unas ruedas sin residuos de la última salida.

Para ello, debemos contar con diferentes herramientas y productos según la zona a limpiar: para el cuadro y los radios, una bayeta o esponja con detergente tradicional jabonoso (un lavavajillas o champú) nos puede valer.

Más específicos debemos ser con los elementos que conforman la transmisión de la bicicleta como veremos a continuación.

Desengrasado y lubricación: claves para un rodaje eficiente

A la hora de enfrentarnos a la puesta a punto de la transmisión de la bicicleta, una limpieza constante y el desengrasado y lubricación nos permitirá tanto que responda rápida y fácilmente al cambio de marchas y al cambio de ritmo de rodaje, como que la cadena no sufra roturas o se salga de sus ejes.

Para ello, no podemos encomendarnos simplemente a la limpieza con agua y jabón, ya que eliminaríamos la suciedad, pero también el lubricante que impide que se seque y se vea afectada por el constante roce. Para que ambas tareas queden resueltas debemos primeramente eliminar restos con un potente limpiagrasas y después, una vez seca cada zona, aplicar aceite lubricante con cuidado que no se acumule en exceso, ya que atrae la suciedad y puede afectar al funcionamiento de otros componentes.

Por otra parte no olvidéis cambiar de marchas durante ambos procesos para que todos los platos y todos los ejes queden perfectamente desengrasados y lubricados.

Cuidado con limpiar de forma generalizada

Tal como hemos visto, algunas piezas como las que afectan a la transmisión, requieren que además de limpiarlos, los pongamos a punto, pero no son los únicos que necesitan una atención minuciosa: elementos como los discos de freno responden muy mal a la humedad, por lo que si quedan empapados (por ejemplo aplicando agua a chorro a la totalidad de la bicicleta) o incluso si los tocamos con las manos manchadas de grasa, podemos contaminarlos y que no resulten eficaces. Caso similar ocurre con los puños, que al actuar como esponjas debido al acolchado, pueden llegar a deshacerse o quebrarse.

Para evitar estos casos, conviene que después del engrasado, usemos unos guantes de látex para la limpieza y manipulado de estos pequeños componentes, de forma que en nuestra intención de eliminar partículas y residuos contaminantes, no produzcamos el efecto contrario.

Revisa ruedas y componentes antes de cada salida

Llegados a este punto tenemos una bicicleta resplandeciente y con una transmisión perfecta que responda a cualquier cambio de velocidad o marcha, pero de nada nos serviría si hemos obviado las ruedas o el sillín no nos resulta todo lo cómodo que debiera.

Para ello, debemos no sólo comprobar manualmente que la presión de los neumáticos es la adecuada, sino también que la cubierta no presente desgaste en sus marcas que impidan un agarre perfecto: el dibujo (surcos y dientes) de la rueda debe apreciarse con claridad.

Respecto al sillín, este no sólo debe tener la superficie seca y sin presentar roturas (tal como ocurre con los puños, responde muy mal a la humedad), sino que el contacto del poste de asiento (mástil que une el sillín a la bicicleta) y el tubo de asiento (parte del cuadro que aloja el poste de asiento) se encuentre perfectamente engrasado para que el cambio de altura no produzca ni falta de agarre ni exceso que lo desgaste.

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