Por Techo Díaz.- El ciclismo es un deporte muy complicado. Es a la vez el más moderno y el más antiguo de todos ellos, un cocktail de tradición y modernidad que de vez en cuando estalla y prende algún incendio entre luditas y disruptivos, entre partidarios y detractores del cambio.

Sostengo que el ciclismo es un deporte moderno porque es una de las actividades donde mayor peso juega la tecnología. No es la Fórmula 1, pero los adelantos en bicicletas y modos de entrenar juegan, ahora y siempre, un peso fundamental. Desde el potenciómetro del Sky a la cabra de Greg Lemond en la crono de París. Algunos de estos avances han valido tours y así seguirá siendo, puesto que no es un deporte de hombre contra hombre sino de hombre y máquina contra hombre y máquina. e

Y sin embargo es a la vez el más tradicional de los deportes. Las poderosas e icónicas imágenes de los ciclistas de principios de siglo (no éste, sino el anterior) o de las primeras clásicas, que se remontan al XIX, están grabadas a fuego en nuestra cabeza. ¿Hay algo más sempiterno que el Tour? Hagan memoria porque, les guste más o menos el ciclismo, el tour va asociado a todos los veranos de su vida. Y el verano es algo que no se olvida nunca.

Hay toda una cultura, además, alrededor de un deporte que convierte en mitos a montañas, tramos de pavés o carreteras. La magia viene muchas veces de la repetición. Aquí ganó Merckx, allí se desplomó Simpson, allí desfalleció Anquetil. Bergerac y su Tirano de Villaba, Fuente Dé y el incansable tocador de pelotas, la maldita tormenta en Menté. A los aficionados del ciclismo nos cuesta innovar, y nos gusta mucho recordar.

Roubaix ciclismo antiguo
Roger de Vlaminck, Eddy Merckx en Freddy Maertens, foto Cor Vos©

Hace un día se presentó la Vuelta, la tercera y última de las grandes en hacerlo y apenas trajo sorpresas, pues el gran cambio, para alegría de algunos y desconsuelo de otros, ya lo dio hace años. Pero tenía un as guardado bajo la manga, el perfil y recorrido de la última etapa en Andorra.

Es una etapa corta y explosiva, en línea con las propuestas por el Tour, hermano mayor de la Vuelta en ASO. Concentra seis puertos en 105 kilómetros, algo inaudito hace años, pero que es hasta larga en comparación con los 65 que propone el Tour en su etapa reina. ¿Están de moda las etapas cortas y explosivas?

Rotundamente sí, y es una apuesta complicada. Sobre todo porque, como siempre que hay cambios en el ciclismo, no ha gustado a mucha gente. Aunque también es cierto que le ha encantado a muchos otros. Hasta ahí todo es normal y territorio de debate. Como el que se ha generado sobre si era la etapa más dura de la Vuelta o incluso de todas las carreras de tres semanas. Algo imposible de dirimir. En cualquier caso estaríamos hablando del perfil más duro porque la carrera la harán dura los ciclistas, y en menor medida, las condiciones climatológicas.

Es aquello tan manido ya de la bala, que por sí sola no hace nada pero la velocidad la hace mortal.

etapas cortas y explosivas

Lo que sí está claro es lo que buscan los organizadores y su apuesta es fuerte en este sentido: espectáculo. Subir las cifras de audiencia es fundamental y, probablemente, sean más entretenidas tres horas de continuos ataques que una etapa de siete donde los ataques se concentren en la media hora final.

Aunque ello vaya en contra de la esencia del ciclismo moderno y, peor aún, amenace con robarnos algo que debería estar considerado patrimonio universal y protegido por la ley: la siesta veraniega de sofá sin manta. Pocos placeres hay en el mundo como subir de la playa o la piscina, tumbarte en el sofá con el mando en la mano y despertarte con tus propios ronquidos en el puerto final, o en el tramo más interesante de la etapa.

Porque los aficionados de verdad sabemos despertarnos antes de que todo se decida. Un cambio de tono en la voz de Carlos de Andrés, un despertador interior o el resultado de años de entrenamiento, pero siempre lo conseguimos. ¿Y ahora los cabrones de ASO quieren quitarnos ese placer? Me parece ciertamente indignante.

Menos mal que de momento el experimento es paulatino. Así, como etapa diferente no parece una mala idea, un día diferente como cuando meten el pavés o le dan forma de clásica a alguna etapa de la primera semana en Francia. Eso sí, como les salga bien nos podemos ir olvidando de las siestas…

En fin, tiempo al tiempo. A la penúltima etapa de La Vuelta le pongo solo ese pero, que sea en la penúltima etapa, cuando todo suele estar decidido y muchos ciclistas corren para conservar su octava plaza en la general. Tendría, quizás, más emoción en la segunda semana, aunque eso es algo que nunca podremos saber porque estamos hablando solo de perfiles. Serán los corredores quienes decidan si quieren o pueden liarla parda en esa etapa, o en su homóloga del Tour. Esperaremos con ganas.

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