Por Techo Díaz.- A las siete de la mañana de hoy, día 12 de diciembre de 2018, se hizo oficial la muerte del equipo que dio la vuelta para siempre al ciclismo en la segunda década del siglo XXI. El Team Sky desaparecerá cuando acabe la temporada 2019, poniendo fin a una exitosa carrera plagada de triunfos, entre los que se cuentan seis tours de Francia con tres corredores distintos en solo 7 años.   

La orgullosa maquinaria diseñada por Dave Brailsford ha cumplido su objetivo, que duda cabe, y el patrocinador que más pasta mueve en el pelotón (en torno a 4 veces el presupuesto de un equipo medio) ha decidido que ya vale por el momento. Tener casi garantizados los próximos siete tours con gente como Egan Bernal, Iván Sosa u Tao Geogegham no ha bastado como aliciente para seguir apostando por un deporte que ya es de culto en Inglaterra, donde siempre habían dado la espalda a la bicicleta.

Egan Bernal Sky

El futuro estaba garantizado

Muchas explicaciones no ha dado la escuadra británica. Una «carta abierta» que no dice nada y una nota de prensa donde se congratulan por lo bien que lo han hecho y se dan un montón de palmaditas en la espalda. Y no les falta razón. Han llevado al ciclismo británico a otro nivel y han aprovechado la tecnología como nadie en este deporte para lograr victorias -8 Grandes Vueltas, 25 carreras de un día, y 52 victorias de etapa- con muchísima solvencia.

Y sobre todo, han demostrado que el ciclismo es un deporte de equipo donde el entrenador y la estrategia juegan un papel relevante. Con su disciplina casi espartana, los británicos han logrado que dos ciclistas del Barloworld arrasen en la carrera más mediática -y por ende más dura- del mundo. Eso es mucho conseguir y tiene un mérito del copón.

En 2019, seguramente pongan la guinda al pastel. ¿Un triplete en los Campos Eliseos? No es del todo descartable, aunque tampoco lo es que se bajen del primer cajón por primera vez en años. Lo que está claro es que será una temporada tan competente como las otras.

A fin de cuentas, no es para poner el grito en el cielo. A esa escuadra no le faltarán patrocinadores, y en 2020 correrá con otro nombre, como le va a pasar este año al segundo equipo más rico del pelotón, el antiguo BMC ahora ya CCC. Habrá corredores que se vayan y otros que se queden y, en el mejor de los casos para el aficionado, el nuevo equipo no tendrá 40 millones de presupuesto, sino 10, y todo volverá a estar más igualado.

Ese era desde hace tiempo el anhelo del Tour y de ASO, que se han planteado hasta poner límite salarial a los equipos con tal de igualar la contienda, recurriendo a propuestas tan poco brillantes como la reducción a 8 corredores de cada equipo. Una medida que, como se pudo comprobar la pasada temporada, resultó tremendamente eficaz (modo ironía on).

De seguir las cosas un rumbo normal, y no entrar un multimillonario más zumbado que Tinkov al ciclismo, la igualdad volverá a llegar a las carreteras francesas a partir de la próxima década, si bien el heredero del Sky seguirá siendo de los más peligrosos. No en vano, firmó por varios años al prometedor Bernal y a los mejores jóvenes del circuito, y eso es toda una declaración de intenciones.

Ya será, eso sí, parte de otra historia. Porque la de Sky acabará justo dentro de un año, marcando época, retirándose por la puerta grande, pero chocando contra la perra realidad de los patrocinios y descubriendo que, pese a todo, el cielo sí tenía un límite.   

El cielo tenía un límite

«Thomas, presiento que este es el comienzo de una gran amistad»