Por Techo Díaz.- Acabó la primera parte del Giro. Mañana toca jornada de reflexión y lo cierto es que hay motivos para ello en casi todas las escuadras. Primoz Roglic ha ejercido de tirano y  les ha metido a todos un repaso de tomo y lomo en las primeras nueve jornadas de competición.

Balance de daños: Nibali a 1’44»; Mollema a 1’55»; Majka a 2’53» Carapaz a 3’16»; Simon Yates a 3’46»; Superman López a 4’29» y Mikel Landa a 4’52». Y el temible Dumoulin en casa, con la rodilla ensangrentada. Diferencias bastante importantes para llevar solo 9 etapas de las que el esloveno, además, ha ganado dos. Pero… ¿es suficiente para dar por sentenciado el Giro?

Flaco favor se haría el Jumbo-Visma de creerlo. Hace solo un año, el Giro parecía sentenciado a favor de Simon Yates, y Froome era un corredor acabado, hasta que llegó la última semana y las rampas de Finestre. Hace tres, un compañero de equipo de Roglic iba lanzado a ganar el Giro… hasta que se cayó en el descenso del Agnello.

Roglic Giro 2019

Una delicia para el roglicismo

Y es que el Giro es una maestro en ponérselo fácil al Tío del Mazo en la tercera semana. Ése es precisamente su encanto y lo que le diferencia de las otras dos grandes que son medio primos, el Tour y la Vuelta. La tercera semana del Giro es un infierno superlativo, donde todo puede pasar, y donde los verdaderamente grandes, como Froome o Nibali, recogen su cosecha. Y no digo que Roglic no lo sea, sino que va a tener que pelear hasta el final.

De hecho, lo que estamos viendo es ciclismo de los 90. Muchos no lo recordarán, o no lo habrán vivido, pero antes en las grandes vueltas se corría una crono de 60 kilómetros antes de que empezase la montaña. Allí se marcaban unas diferencias monstruosas, como las vistas hoy en San Marino, y los escaladores empezaban las cuestas con una desventaja de 5 o 6 minutos. Estaban obligados a atacar, y el equipo del líder -leáse comúnmente Indurain, por aquellos años- a dejarles hacer. No podían salir a cada ataque si estos se producían a 80 kilómetros de meta y el escalador en cuestión estaba a 6 minutos en la general.

Es la época de Pantani, Chiapucci, Virenque o Ugrumov. Los recordamos como genios o como ciclistas mucho más valientes, pero es que estaban obligados a correr así. Como lo están ahora Landa, Supermán López o el puto Simon Yates. Meter una crono larga -o un fuera de serie en una tarde de lluvia- hace que ninguna de las estrellas pueda ahora especular con atacar en el último puerto, salvo quizás el astuto Nibali.

Y puede haber Giro para rato. Porque Roglic es un crack, pero no tiene un equipazo en la montaña. Y nunca ha subido al podio de una grande como esta a la que quizás, y solo quizás, ha llegado excesivamente en forma.

Pello Bilbao

Tras su victoria de etapa, el Giro le bautizó como Rocky Bilbao

Veremos a ver que le plantean sus rivales. Astana está haciendo la temporada de su vida, y no solo tiene a Superman. Pello Bilbao, por delante en la general de su líder, va ganando puntos día a día. Lo mismo ocurre en Movistar, donde Amador y Carapaz están mejor situados que Landa. ¿Cómo controlar tantas piezas cuando tu equipo no es el Ineos de Froome, Thomas, Bernal y compañía?

De momento les viene de lujo que Valerio Conti siga llevando la maglia, para dar a los chicos unos días más de descanso. Los van a necesitar porque Simon Yates viene enrrabietado, y aunque su idilio con el del Mazo siempre se acentúa en tierras italianas precisamente por eso es más peligroso que nunca.

Pase lo que pase, lo normal es que veamos carrera. Las largas etapas llanas que tanto debate han generado tienen que acabar pasando factura, para disfrute de los espectadores que tanto jalean al miserable señor del mazo. En unos días lo sabremos. El Giro ha apostado por ser diferente y ahí radica su grandeza. Puede ganar Roglic, como también ganaba Indurain, pero lo importante es que veamos batalla. Escaladores, es vuestro momento.