España solo ejecuta la mitad de los carriles-bici proyectados tras la pandemia

Demoledor informe el presentado por la European Cyclist Federation (ECF), que sitúa a España entre los países que menos están apostando por la bicicleta y los carriles-bici tras el estallido del coronavirus. Mientras que en España se invierten 2,46 euros por habitante en infraestructuras para la movilidad ciclista, en Holanda se invierten 30 euros. Son casi 15 veces más.

En los duros meses de confinamiento de la primera ola, las administraciones se esforzaron en anunciar a bombo y platillo nuevas infraestructuras para promover el uso de la bicicleta ante una futura «vuelta a la normalidad», donde se preveía un preocupante aumento del uso del vehículo privado.

Eso ha pasado, pero de los carriles bici prometidos ni rastro. Según datos del Centro de Estudios Ponle Freno-AXA, la pandemia ha disparado el uso del coche privado hasta un 35%, mientras que el empleo de  transporte publico y taxis/VTC ha caído hasta un 46% y un 29% respectivamente.

Las bicis y patinetes sufren un repunte (18% más), pero no ha sido por la aparición de nuevos carriles bici. De los 220 kilómetros prometidos por las administraciones, sólo se han ejecutado 105.

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Sabido es que en España gusta inaugurar cosas solo cuando llegan las elecciones, pero prometer cosas y jugar luego al si lo he dicho no me acuerdo está realmente feo. Especialmente en algunos casos sangrantes, como Madrid, ejemplo según el director de propiedad intelectual y recopilación de datos de la ECF, Holger Haubold, de ciudad donde se ha politizado el uso de la bicicleta.

Otras urbes, destaca Haubold, sí han hecho los deberes, o parte de ellos. Granada ha reducido o eliminado el tráfico de vehículos de motor en un total de 60 kilómetros, mientras que Barcelona ha inaugurado 21 nuevos kilómetros de carril bici y ha reducido o eliminado el tráfico de vehículos de motor en otros 12.

En tercer lugar, según la ECF, se sitúa Valladolid, que ha inaugurado 6,33 kilómetros de carriles bici y 890 metros de calles peatonales. Por su parte, Pamplona y Santander han estrenado, desde marzo del año pasado, 1,9 y 1,8 kilómetros de carriles bici, respectivamente.

Con todo, el panorama es desolador. Apenas la mitad de los carriles bici anunciados están en funcionamiento y eso que estamos ante una situación excepcional en que el descenso de uso del transporte público es un hecho y no una conjetura. Y si aumentas un 35% el uso del coche privado en ciudades que ya antes estaban saturadas de tráfico, apaga y vámonos.

Pero es lo que está pasando. A pesar del aumento sin precedentes en el uso y la demanda de bicicletas, la mayoría de personas que no anteriormente no montaban en bici no se van a atrever a coger una por la gran ciudad si no les construyes un carril bici. La pacificación de carriles está muy bien como concepto, pero cualquiera que haya circulado en bici sabe que no es real. Que los coches no disminuyen su velocidad por ver pintado un 30 con un círculo en la calzada.

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Más datos para la desazón. Las administraciones públicas en España han invertido, desde marzo de 2020, un total de 0,17 euros por habitante en promocionar el uso de la bicicleta. Este dato es especialmente negativo si se compara con los 7,76 euros de Finlandia, los 5,04 de Italia, los 4,91 de Francia o los 4,80 de Reino Unido.

Estos son los países líderes, pero cualquier otro está por delante de España, por mal que lo haga. Así, el estudio señala también los casos de Lituania, con 2,61 euros de inversión por habitante, Bélgica, con 0,55 euros, Dinamarca, con 0,46 euros y Portugal, con 0,29 euros.

¿La solución a este despropósito? Lo primero de todo pasa por creérselo. Creer de verdad que la bici es una solución y apostar por un vehículo que es tendencia a nivel mundial (un 24% de los habitantes adultos de Nueva York utiliza la bici diariamente) y en cuyo fomento España no debe quedarse atrás. Ventajas para el medio ambiente, sí, pero también ventajas claras para la salud a corto, medio y largo plazo. España tiene además un clima que favorece el uso de la bicicleta y experiencias como la de Sevilla, donde la construcción de más carriles-bici ha impulsado el uso de la misma, demuestran que es posible.

Haubold apunta también otra solución. Ha instado a todas las administraciones públicas españolas a que presenten proyectos de inversión en infraestructura ciclista para financiarse con los Fondos Europeos Next Generation. Según comenta, dichos fondos son una gran oportunidad para impulsar, de una vez por todas, el ciclismo urbano en España.