Por Techo Díaz.- En el territorio imaginario de Westeros, también traducido como Poniente, el apellido Nieve es bastante común y tiene un significado bastante claro. Se usa para denominar aquellas personas que son fruto de una relación extraconyugal y carecen por tanto de cualquier derecho a heredar, a poseer algún título nobiliario o a portar siquiera un apellido corriente.

En ese mundo, mucho más cruel que el pelotón, Lannisters, Baratheons, Freys y hasta Tullys se dirigen a ellos como bastardos, relegándolos a segunda fila y a luchar batallas menores en busca de una gloria reservada para otros. A luchar por las migajas que los grandes señores desprecian, enzarzados en sus sangrientas luchas internas que, a menudo, no les dejan ver donde está lo realmente importante.

Se apellidan igual

En el Tour de Francia, sin embargo, el apellido Nieve es sinónimo de valentía. Lo lleva un corredor del Euskaltel, de nombre Mikel, que a pesar de estar corriendo su primer Tour, se ha ganado esta aureola a base de continuados ataques en las montañas de Suiza, Italia y España.

Cuando ganó la etapa reina del Giro de 2011, aquella que acababa en Gardeccia-Val de Fassa, lo hizo tras superar 6.100 metros de desnivel ascendente acumulado en una de las etapas más duras de la historia del Giro más duro de la historia. En palabras del por entonces ganador de aquella edición, Alberto Contador, “la etapa más dura” que había corrido en su vida.

Nieve evoca a montañas, evoca a épica, evoca a cumbres conquistadas entre esfuerzo, sudor y lágrimas. Es inevitable. Y evoca también a batallas, sean reales, como las del corredor del Euskaltel, o inventadas, como las del libro de George R.R. Martin. Es difícil establecer una comparación con su homónimo Jon Nieve sin adentrarse en el terreno de los spoilers, pero para quienes no se hayan leído los cinco libros publicados de la saga, diremos que el ciclista de Leiza va a tener algo en común con hijo bastardo de Eddard Stark. Va a tener que luchar. Y mucho.

Y no sólo en este Tour, donde se ha colocado, sin hacer mucho ruido, en el puesto 15 de la general. Ya le hemos visto en los Pirineos y todo parece indicar que puede jugar un papel destacado en la batalla de los Alpes. Ganar se cotiza caro, pero Mikel Nieve no es de los que muere sin antes haberlo intentado.

Lo malo es que Mikel Nieve, igual que Igor Antón, Juanjo Oroz, Juanjo Lobato, Jon Izaguirre y todo el equipo que durante tantos años ha teñido de naranja la cordillera pirenaica están heridos de muerte. Les ha atacado algo peor que los White Walkers. La falta de patrocinadores y de confianza en el ciclismo. No es que sea una pena, es que es un crimen.

No hace ni dos días el equipo que tanto ha brillado en el Tour mandaba un S.O.S. a los medios de comunicación. Si no encontramos al menos 3,5 millones de patrocinio desapareceremos. 3,5 millones. Menos de lo que cuesta Villa. Lo que vienen siendo migajas no sólo para otros deportes, sino en general para el mundo del espectáculo. Y eso que espectáculo, lo que se dice espectáculo, estos chicos de naranja han dado durante años en la carreteras francesas.

Ojalá todo esto quede en un susto. Ojalá Nieve y sus compinches sigan siendo esos corredores valientes que tantas tardes de buen ciclismo han dado a los aficionados de todo el mundo. Ojalá Mikel Nieve pueda seguir siendo, durante mucho tiempo más, el guardián del muro.

Jon Snow, fan del ciclismo
Mikel Nieve, en la etapa reina del Giro 2011. Jon Nieve aplaude entre el público. Aparentemente, la foto podría estar trucada.

 

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