Por Techo Díaz.- El Año Internacional de la Juventud en el Ciclismo no podía concluir de otra manera. El año en el que brillaron- y de qué manera- Egan Bernal, Tadej Pogacar, Mathieu Van Der Poel, Wout Van Aert o Sergio Higuita se tenía que cerrar con la victoria de otro joven, en este caso español, que no quiere apearse del tren de los victoriosos.

La noticia es triplemente positiva para el ciclismo español. Por una parte, otorga un triunfo de prestigio (China es carrera World Tour) y nos recuerda que hay vida más allá de Valverde y los Izagirre. Por otro, asegura los puntos necesarios para contar con 5 ciclistas en los Juegos Olímpicos de Tokyo, un tema para nada menor. Y por otra, aporta un rayo de esperanza al futuro de este deporte, que ya sufrió mucho con las retiradas de Contador y Purito y  que, previsiblemente, algún día verá decir adiós a Valverde.

No había sido todo lo buena que esperábamos la temporada de Enric Mas. Básicamente porque se lo jugó todo a una carta, la del Tour, y le salió completamente rana. Cierto que llegó a vestir el maillot blanco, quitándoselo nada menos que al futuro ganador, y que hizo una primera parte encomiable, pero su primer roce con los Pirineos, sumado a unos problemas de salud, lo sepultó en las profundidades de la clasificación general. Y sin Vuelta para redimirse, su temporada estaba pasando, a ojos del gran público, como un quiero y no puedo.

Enric Mas China

Y eso tenía especial gravedad en el año en que los Bernal, Pogacar y Van Aert brillaban más que nunca en el calendario. Su generación lo estaba petando y el mallorquín se quedaba atrás, o eso parecía. Pero China puede cambiarlo todo. Su triunfo en el Lejano Oriente no solo refuerza su profesionalidad y compromiso con la manada de lobos que abandona, sino que le da un chute de moral para afrontar con garantías su nuevo destino.

Un nuevo destino donde- opinamos humildemente desde este blog- no puede ya forjarse a fuego lento como hizo Indurain en los lejanos años 90. Hoy, por las razones que sean, los ciclistas explotan antes y a los 22 años puedes ganar un Tour de Francia. A los 20 puedes ser podio de la Vuelta y ganar tres etapas reina. Así que a los 25 tienes que petarlo, o al menos intentarlo.

Y no sabemos si los astros se han alineado para ello o es precisamente lo que buscan en su nuevo equipo, pero la salida de Carapaz, Landa y Quintana de Movistar se lo pone a huevo al mallorquín. Debe luchar por una grande con todas las garantías y debe hacerlo desde ya, no cocinarse poco a poco como se hizo con Indurain y como -con mucho menor éxito- se quiso hacer con Quintana y Soler.

Precisamente, en un bloque completamente renovado, el catalán será la única duda que se le plantee a Eusebio Unzué. ¿Tricefalia para el Tour (Valverde siempre estará ahí) o galones para Soler en el Giro? Supongo que es pronto para decidirlo, pero conviene ya ir meditando al respecto. De momento, buenas noticia para todos, al mallorquín por cerrar el año con una victoria cimentada en la montaña y al conjunto telefónico por acoger un valor al alza.