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Vingegaard y Pogaçar, los amigos del Tour de Francia

Parece una opinión unánime. El Tour de Francia 2022 es la mejor Gran Vuelta de, al menos, la última década. Se recordará por muchas cosas. Van Aert exhibiéndose día a día, Cort Nielsen y sus fugas de los primeros días, la pájara de Pogaçar en Granon… o sobre todo por la imagen que protagonizaron el esloveno y el inminente ganador, Jonas Vingegaard, el día de Hautacam.

Era la decimoctava etapa y la última oportunidad en el Tour de Francia para Tadej de recuperar algo en la montaña de los más de dos minutos que tenía perdidos con respecto al corredor del Jumbo. Un día corto pero explosivo de 142 kilómetros, al estilo del día de Granon que dinamitó la carrera, con Aubisque, Spandelles y el final en Hautacam. Camino de esa última subida, en el descenso de Spandelles ya todo había saltado por los aires como por fortuna viene siendo habitual en esta edición y Pogaçar y Vingegaard se batían en un duelo directo.

El de UAE quiso apretar en la bajada y eso propició que, en una curva, Jonas estuviera muy cerca de irse al suelo. Un susto tremendo y una salvada genial evitó que sus huesos dieran contra el asfalto, pero no se amilanó lo más mínimo el danés. Pocos segundos después, los papeles se invirtieron. Pogaçar, bajando a lo MotoGP, se fue largo en una curva y al reincorporarse su pedalada hizo que la rueda trasera le patinara y que, él sí, se cayera.

Era lo último que le faltaba a Tadej para darse cuenta de que, pese a que ha tenido una voluntad infinita y unas ganas que no iban acordes a sus fuerzas, iba a ser ya completamente imposible doblegar a Vingegaard. El público empatizó con el esloveno pero, inmediatamente, lo hizo también con el ganador por sus maneras. El del Jumbo pudo haberse marchado hacia delante, no haber esperado a su rival para completar una tremenda exhibición. Pero quiso ganar de otra manera más elegante.

Aquí entra el eterno debate de si hay que esperar a un corredor que se va al suelo o, por el contrario, hay que continuar con la carrera con normalidad y aprovechar las circunstancias. Vingegaard optó por seguir la norma no escrita. Una decisión que, también es cierto, no es ni mejor ni peor. Es simplemente una opción. Parecía, no obstante, que dado su poderío y lo controlada que tenía la situación era lo más lógico y lo más loable, pero no es fácil tomar el camino adecuado cuando te estás jugando nada menos que tu primer Tour de Francia.

La imagen que acompaña estas líneas, con Vingegaard esperando a Pogaçar y este agradeciéndole el gesto con la mano tendida, se ha convertido ya en el icono de esta edición de Tour de Francia. Tanto que ha propiciado ilustraciones como la del usuario de Twitter TJGodden. La ejemplificación de dos rivales pero también compañeros de profesión que se han batido a cara de perro como nadie en los últimos años pero que han demostrado tenerse un respeto y un compadreo fuera de lo común. Todos les estamos agradecidos por lo que nos han regalado.

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